Cuando le dije a papá que me quería ir a Neuquén se lo dije un poco en chiste y un poco en serio, porque sinceramente tenía miedo de que se riera o que no le de la importancia que yo le doy al asunto. Pero me dijo que ojalá pueda hacerlo, que él siempre quiso y no pudo, y que si de verdad lo quiero debería aprovechar que soy joven, que no es tan dificil. Sin embargo, lo que más me gustó y lo que multiplicó mis ganas de irme, fue que me preguntara qué planeaba hacer, si iba a seguir estudiando, en qué parte me gustaría vivir y cosas por el estilo. Le dio bastante realidad a mi fantasía y me vino muy bien.
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(y hay días en los que realmente me angustia no poder irme ya, CARAJO!... como hoy, por ejemplo. Pero si hay algo que me alegra, es saber que cada día falta un día menos para que me vaya (ah?))