(casi) veinte años muy bien llevados. Somos jóvenes, estamos repletas de ideales, sueños y esperanza. Disfrutamos de la vida y podemos pasar horas frente a una notebook descubriendo funciones mágicas de la camarita, como una lluvia de regalos o copitos. Todos tienen un niño interior... nosotras lo tenemos a flor de piel, al que tenemos enterrado tres metros bajo tierra es al adulto. Y si eso nos hace felices ¡qué más da!.

La felicidad tiene nombre... y NO es Lucía.
¡Atenti con los copitos!
(Su cara de anime es insuperable)




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