Son las 4.41 am. Escucho Calamaro. Canto en voz baja pero con mucha pasión. Como melón. Me saco fotos de todo tipo con la cam de la notebook. Hago dibujos en mi secretísimo block lleno de delirios, colores y tipitos palito. Intento crearme un nuevo twitter. Juego al sudoku... y puedo seguir, lamentablemente puedo. Me asombra lo poco productiva que puedo ser en vacaciones. ¿Leer? ¿Estudiar? ¿Sentarme a reflexionar sobre la vida e intentar conocerme a mi misma?. No, para nada... eso lo dejo para cuando no tengo tiempo. Adoro leer y disfruto demasiado meditar, pero aparentemente es algo que sólo nace en mi cuando estoy atareada y cuando no tengo ni medio segundo para respirar.
Y es que si son vacaciones me las tomo en serio. Ya la semana que viene se me corta un poco, comienzo nuevamente con el asunto este de la independencia. Para la facu me queda como un mes y medio todavía... pero ya se viene.
A pesar de querer estar a full y sacar lo mejor de mi, hay noches como esta en las que comprendo lo bueno que está ser inútil cada tanto. Son momentos como este los que me recuerdan qué divertido es hacer absolutamente nada.
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