Mientras lavábamos los platos reflexionamos. Ella me ayudó bastante, y mientras yo me limitaba a asentir cada vez que me retaba me di cuenta de que en los últimos años aprendí a hacer cosas bastante poco copadas. Ahora me sé guardar un te quiero, contengo los abrazos, aprendí también a callarme la boca para evitar una posible pelea e imaginar una discusión en mi cabeza en vez de tenerla en la realidad. Prefiero escribir en un cuaderno en vez de contar lo que me pasa. Al imaginar cómo reaccionaría si yo... , me invento finales que muy pocas veces son buenos y el miedo no me deja sacarme las cosas de encima.
Puedo agradecer esta impresionante capacidad para guardarme cosas sólo durante un tiempo, pero cuando llegan días como hoy en que de pronto todo estalla, desearía ser un poco más valiente y saber hacer frente a los posibles problemas en el momento adecuado para no tener que hacer frente a la ensalada de sentimientos en la que estoy metida ahora.
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