viernes, 8 de enero de 2010

Bad day .

Me levanté atravesada. A eso de las 10 am supe que si no cambiaba mi actitud para con el mundo iba a estar jodida... y no la cambié. Es espantoso querer sonreír y fingir buena onda cuando por dentro estás que puteas en cinco idiomas diferentes. Confié en que el río iba a llevarse mi mal humor, pero no me metí porque estaba demasiado encabronada como para mojarme. Quise llamar a F para que me calme un poco los ánimos, pero resulta que el teléfono había decidido morir. Lo destrocé contra el pasto disimuladamente para no llamar mucho la atención. Se me ocurrió llamar desde el celular de mi padre a mis tres personas favoritas en Neuquén... para qué, el mal humor creció de una manera terrible y ya no me molestaba maldecir en voz alta (ojo, sin decir groserías). Por suerte, el español profesor de Chi Kunk, masajista y barbudo que vive con nosotros, logró tranquilizar mis nervios y además, me arregló el teléfono. Más tarde logré encontrarme con Juliette que estaba del mismo humor que yo y juntas descargamos nuestra ira.
Me queda mucha ira, mucha furia dentro, pero estoy por salir asi que espero que dentro de unos minutos logre apaciguarla.
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(Y no conté que me persiguió un perro, que tuve que caminar seis cuadras descalza por la avenida quemándome y que casi me quedo desnuda en el camino).

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