Los zapatos, un poco de pasto, un vaso de agua y una copa de vino. Hasta los seis años realicé con esmero cada paso para asegurarme que tanto los Reyes como los camellos se sintieran bienvenidos.
Pero un día, un seis de enero de mil novecientos noventa y siete, me desperté muy temprano, me levanté, caminé hacia la cocina con los ojitos brillando de emoción y lo ví... lo ví a él, apoyando la pista de Hot Wheels junto a los zapatos de Nano. Y me vió, me saludó y me dijo: "Magui, los Reyes Magos no existen".
Con que facilidad le destruyen a uno las ilusiones. Qué poco hace falta para arrebatarle a una inocente niña los sueños. Puedo decir que yo era mucho más feliz cuando creía que tres Reyes se acordaban de mi cada año y me regalaban justo lo que quería porque me portaba bien.
.Pero un día, un seis de enero de mil novecientos noventa y siete, me desperté muy temprano, me levanté, caminé hacia la cocina con los ojitos brillando de emoción y lo ví... lo ví a él, apoyando la pista de Hot Wheels junto a los zapatos de Nano. Y me vió, me saludó y me dijo: "Magui, los Reyes Magos no existen".
Con que facilidad le destruyen a uno las ilusiones. Qué poco hace falta para arrebatarle a una inocente niña los sueños. Puedo decir que yo era mucho más feliz cuando creía que tres Reyes se acordaban de mi cada año y me regalaban justo lo que quería porque me portaba bien.
... yo por las dudas dejo las converse al lado de la ventana.
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(igual, mis padres la tenian re clara: volcaban el vino, se tomaban el agua y hasta hacian desaparecer el pasto para darle más emoción al asunto)
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