Tengo un terrible dilema. Absolutamente todos me critican el hecho de ser tan fácil (suena horrible pero no se me ocurre otra palabra) cuando de relaciones se trata. Me lo han dicho de tantas maneras ya que podría escribir un libro. De hecho, todos aquellos que han puesto su hombro cada vez que lloré mares por alguna relación fracasada, coinciden en que todos mis problemas se deben justamente a mi nula capacidad de histeriqueo. Ojo, soy histérica y lo tengo asumido, pero es otro tipo de histeria. Tampoco soy fácil en el sentido de que me voy con el primero que venga, eso jamás... de hecho soy terriblemente jodida conmigo misma al momento de involucrarme con alguien porque tiene que reunir ciertos requisitos que, sinceramente, son casi imposibles de encontrar. Pero las veces que decidí involucrarme, terminé mal... me dejaron. ¿Por qué?: por aburrimiento. Por lo menos eso es lo que dicen. No dramatizo ni nada, y justamente ese es el tema: me gusta ser como soy. Si tengo ganas de salir, lo digo... y si me invitan a salir y quiero hacerlo, no voy a mentir y fingir que tengo cosas más importantes que hacer. Soy muy conciente de que ese histeriqueo rindiría sus frutos y a la larga es conveniente, pero todavía no soy capaz de hacerlo y no sé tampoco si quiero intentarlo.
A modo de ejemplo: en este momento estoy de vacaciones. No tengo absolutamente nada para hacer en todo el día. Mis amigas están todas en la costa. Tengo esta especie de inexplicable, divertida y linda relación con él. La pregunta es: ¿qué sentido tendría rechazar alguna invitación o aguantarme las ganas de verlo?. Para mi, ninguno. Para el resto de los mortales, serviría para despertar su interés en mi y evitar aburrirlo. A raíz de esto, me pregunto qué tan poco interesante o divertida puedo ser como para tener que fingir tener una vida paralela.
En algún momento voy a estar con alguien y no voy a tener oportunidad de verlo. O por la facultad, o por el trabajo o porque tengo algún otro compromiso... pero inventarme una agenda complicadísima sólo para que la persona que supuestamente me gusta, y en la que teóricamente confío no se aburra me parece totalmente estúpido.
¿El dilema?: sé que lamentablemente es verdad lo que la mayoría opina, y que si quiero que algo funcione tendría que cambiar mi forma de ser. PERO, como dije, me gusta ser como soy... me gusta que me inviten pero también me gusta invitar y me encanta que me llamen pero también me gusta llamar. Disfruto ser asi... pero después tengo que atenerme a las consecuencias, que (casi) nunca son buenas.
Entonces, tendré que cambiar y fijarme si funciona... o tendré que encontrar a quien piense como yo y también pueda disfrutarme, quererme, y divertirse conmigo sin que tenga que aguantarme las ganas de mandarle un condenado mensaje de texto.
Se aceptan críticas.
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